La Punción Seca suele estar orientada a:
Personas con dolor muscular persistente o recurrente.
Pacientes con contracturas o sobrecargas que no terminan de resolverse.
Personas con cefalea tensional asociada a tensión muscular.
Casos en los que el dolor miofascial limita entrenar, trabajar, dormir o moverse con normalidad.
Por seguridad, se evita o se ajusta la Punción Seca en casos como:
Infección local.
Neoplasias activas en la zona a tratar.
Fobia excesiva a las agujas.
Enfermedades infecciosas (hepatitis, VIH…).
Enfermedades dérmicas (psoriasis, infecciones…) o heridas en la zona a tratar.
Alergia a metales (especialmente níquel).
Si hay dudas, se prioriza siempre la seguridad y la valoración previa adecuada.
Se utilizan agujas similares, pero el objetivo y el razonamiento suelen ser distintos. En Punción Seca se busca tratar puntos gatillo y dolor miofascial identificado en la valoración.
La sensación varía según la zona, el punto tratado y tu sensibilidad. Puede molestar, pero se ajusta la técnica y la intensidad para que sea tolerable, sin “aguantar por aguantar”.
No existe un número fijo. Depende del tiempo de evolución, de la carga diaria y de si se acompaña de ejercicio, movilidad y cambios de hábitos. Tras la valoración se orienta un plan realista.
Después de una sesión de Punción Seca es frecuente notar sensación de agujetas, sensibilidad local o cansancio muscular durante 24–48 horas. En consulta se explican pautas sencillas para manejarlo y para sostener el cambio.
Sí. En muchos casos se integra con terapia manual y tratamiento activo. La idea es que el alivio sea útil para recuperar función y prevenir recaídas.