Suele estar orientada a personas que buscan un abordaje manual suave e integral, especialmente si existe tensión mantenida, dolor físico o componentes psicosomáticos. También puede considerarse en:
Pacientes que buscan un abordaje manual suave e integral del cuerpo.
Pacientes con dolor físico o psicosomático.
Pacientes que se han sometido a cirugías de columna o cabeza.
Personas que han tenido traumatismos en los cuales se haya desequilibrado el LCR, ya sea a través de golpes o movimientos bruscos, o a través de una alteración en las meninges, como puede ser una epidural.
Por seguridad, hay situaciones en las que conviene posponer el tratamiento o consultar primero con el profesional médico correspondiente:
Traumatismo craneal reciente.
Hemorragias.
Patología neurológica no evaluada por profesionales médicos.
En caso de duda, se prioriza siempre la seguridad y la coordinación con el equipo sanitario que lleve el caso.
La terapia Cráneo-Sacral no es dolorosa. Se trabaja con presiones muy ligeras y un ritmo lento, de forma que el cuerpo pueda responder sin sentirse forzado. Aun así, cada persona tiene una sensibilidad distinta, así que el tratamiento se adapta a tu tolerancia en todo momento.
Es habitual notar una sensación de calma durante la sesión, pero es normal que los días posteriores al tratamiento se note cierta sensación de "movimiento interno", ya que se produce un reajuste general de los tejidos, que buscan restablecer su equilibrio.
No existe un número fijo. Depende del motivo de consulta, del tiempo de evolución y de cómo responde tu cuerpo. Tras la valoración inicial podemos orientar una frecuencia razonable y revisar contigo los cambios que vas notando, sin prometer resultados cerrados ni acelerar procesos.
Si. De hecho es muy frecuente practicar esta técnica en sesiones pediátricas. Si existen dudas clínicas o señales de alarma, se suele derivar el caso al profesional correspondiente.